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Que escultura tan preciosa.tu capacidad para domesticar el marmol es asombrosa.
Eres un artista solidario y buen realizador de obras de arte,ademas de gran poeta de nuestros tiempos FELICIDADES.
Tus compañeros solidarios.
La misma positividad, paz, magia y misterio de un delicioso rio de montaña, con su musical sonido del agua reluciente, es la que encuentro en una bella femina, como la que has querido representar en mujer rio. Felidades artista
La muerte es el sueño eterno. Durmiente quizás para toda la eternidad, la mujer descansa en el lecho del río. Sus cabellos están hechos de la misma corriente acuática, del mismo flujo que nunca cesa. El río es un símbolo de fertilidad, pero también de transcurso irreversible, de avance sin retorno. Heráclito afirmaba que no es posible bañarse dos veces en las mismas aguas. Mirar atrás sólo sirve para contemplar el lugar hacia nunca volveremos. El reloj húmedo no se detiene.
Como en la célebre escena cinematográfica de “La noche del cazador”, los cabellos de la mujer se incorporan con naturalidad a la sinfonía acuática, casi devienen algas marinas que hipnotizan con su movimiento sinuoso. El mármol cobra vida para enseñarnos el tanatorio biológico donde yace la mente femenina. Todo surge del agua y al agua se regresa tarde o temprano. Ser salvado de las aguas equivale al parto físico y espiritual, al renacimiento cíclico.
¿Navega el barquero Caronte por las corrientes de los cabellos de esta mujer? A la muerte se le concede haber sido el primer navegante. De las aguas y del inconsciente universal surge todo lo viviente. También el trayecto en barca del último viaje. Creación y destrucción se reúnen en el líquido elemento. De los ríos plácidos, surge el remanso de paz, la clarividencia, la contemplación del mundo y de nosotros mismos en el reflejo inverso. La fuerza erosiva y la rabia, la pasión desbordada, se presentifican en los rápidos tumultuosos.
La mujer-río surge de su misma dualidad. Esconde en su ser una naturaleza indómita. El agua de sus cabellos no se para ni de día ni de noche. Si corre por la altura, origina la lluvia y el rocío. Si lo hace a ras de suelo, crea los torrentes y los manantiales. Nada la detiene. Aparentemente tranquila y benéfica, cuando se enfada nadie la iguala en romper lo duro y lo fuerte.