El dios del viento parece contemplarnos con su soplo regenerador. Plácido, es una suave brisa que acaricia nuestros cabellos. Enfurecido, la tempestad eólica que agita nuestros objetos y nuestra alma.
Transitando por las cuevas o desfiladeros, por las gargantas de las montañas, este dios hace sonar su silbido sensual, flauta mágica que nos hipnotiza...
El aire en movimiento simboliza el eterno discurrir de las cosas, el movimiento continuo de todo. El inagotable flujo y reflujo cósmico que emana de esa boca siempre abierta. |