Este trenzado de hilos finos, de regueros, a la manera del procedimiento utilizado por Pollock, el dripping, monta una obra donde la dramaturgia del yo, infinitamente expresada, da lugar a la fisonomía física de nuestra condición humana.
Es esa visión plástica, que nace del expresioniasmo abstracto, en que este lienzo se aligera, no se densifica tanto, pero al mismo tiempo se pierde en un laberinto que quiere ser nuestro propio retrato y quizás también el de nuestra sociedad.
Un plano de líneas, redes, caminos, que se encuentran y desencuentran, hasta alcanzar una estructura casi molecular, la que subyace por debajo de nuestra apariencia.
Pollock tenía la sensación de estar más cerca del cuadro, de estar dentro de él, y esa es la expreincia que trata de transmitirnos esta pintora, la de dirigirnos por este subtérraneo para poder salir de él o quedarte allí para dentro.
Yo creo que puede ir más allá y sorprendernos de nuevo. |