En este cuadro se ve claramente como la geometría del color se compagina a la perfección con la geografía del cuerpo y de ahí nace el diálogo que estas dos figuras emprenden dentro del contexto urbano en el que se encuentran.
Es una comunicación intensa, así lo enfantiza el color y la conforntación gestual, un debate que el pintor intenta plantearnos desde la distancia y conforme a sus símbolos.
Cuellos rígidos que desembocan en rostros curvos, la matemática de lo rígido contra la geometría de lo arqueado, la rigurosidad del plano contra la sinuosidad de lo volátil.
Es una configuración plástica que emana de una visión en plena erupción, que fragua la belleza de la imagen con la emoción de la mirada, que no define como insinúa, que nos deja con la vista perpleja en la gracia de dos criaturas envueltas en su propio deseo de conocimiento.
Fantástica ficción de una realidad. |