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He aqui un nuevo Pantocrator aunque este es más lúdico que en representaciones anteriores, tus composiciones están plagadas de simbolos pero sobre todo tienen algo escaso en el arte que es sentido del humor.
Una de las cosas que más me encanta en el Arte es el poder de crear, volver a crear y transformar el Tiempo, por el mirar del artista en total y refinado equilibrio con sus pensamientos y sus manos el Tiempo se transforma en un nuevo Espacio donde más una vez existe la posibilidad de nuevamente volverse a crear el Tiempo, sus culturas, sus costumbres, nuevas preguntas y nuevas formas de encararse la vida como en un grande y eterno ciclo de evolución, ciclo este que tiene en esta obra un gran ejemplo, es el Arte traduciendo el pasado para el presente mostrándonos que el futuro no es un intervalo de tiempo pero sí, el futuro somos nosotros mismos.
Esta es su obra. Presentando a través del arte ingenuo un mensaje candente y comprometido, es el fiel retrato de nuestra patria, las formas y los colores que identifican mi pueblo.Muy buena.
....y al final fueron 33, cerraron el negocio, pero muchos de los que teóricamente tendrían que expandirlo ejemplarmente por el mundo, ahora en pleno siglo XXI sólo han logrado emular y de una forma exacerbante al judas.
Buena composición, excelente cromatismo y un simbolismo implícito y explícito que debería hacernos reflexionar mucho a todos....su peculiar estilo naïf
podríamos llamrlo 'naïf didáctico!. Gracias por sus obras y no deje de sorprendernos nunca,
Felicidades por tu obra, Hernando. Posee una gran carga irónica que forman, junto con su expresividad y simbolismo, un crónica perfecta de la sociedad actual. Es una pintura que hace reflexionar y recrearnos en la fiesta de colores, detalles y desproporciones muy bien estudiadas. Mucha suerte. Gracias por tu comentario.
Todos estamos sentados a la mesa de la traición ¿Quiénes son los traidores y quienes los traicionados? El traficante, el militar ¿paramilitar?, con su gesto de "30" al teléfono, un Cristo mezclado con el pueblo, representado a su vez por personajes locales: músicos, indios, campesinos, y un fuerte contenido religioso presente en la composición que evoca un grupo escultórico de algún retablo barroco, con una pequeña imagen de San Martín de porres, el Santo de los pobres. Todo nos pinta una elocuente radiografía de la realidad sociopolítica latinoamericana, visiblemente exacerbada en una Colombia desgarrada. Estilísticamente, un cierto aire ingenuo pero monumental, resaltado en la desproporción entre las figuras y la "caja escenográfica" donde se desarrolla la escena, como en un teatro. El desmesurado tamaño de las manos que señalan y gesticulan, los detalles realistas, una multiplicidad de objetos cotidianos y hasta los cables, todo pintado con analítica obsesión, recuerda los Equecos y figurillas de devoción popular, cargadas de información referencial, situando espaciotemporalmente el acontecimiento místico-mundano de una Última Cena muy particular.