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muy interesante trabajo, me llama mucho la atencion la textura y las formas que hay dentro de ella, aparte los colores son muy gratos a la vista asi como la combinacion de los mismos, excelente obra!!! felicidades y mucha suerte en todo
Arias Morales, pareciera decirnos, si quieres ver el mundo en un grano de arena y el cielo en una flor silvestre, observa esta obra y deja que tu imaginación te lleve a abarcar el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en un instante, justo cuando entre en éxtasis tu mirada, justo cuando abducida por el paisaje cósmico tu imaginación, en pleno vuelo entre luces y sombras que se abrazan, trate de desvelar el misterio plástico que sus geometrías encierran.
Seducidas por la abstracción, las líneas en su pintura, son haces de color centellante, que se entretejen y subsisten como panales de abejas, que juegan con la geometría en su impacto con la luz, elemento esencial que desborda los efectos puramente ópticos para generar una experiencia visuasoria, de formas sugeridas que subsisten creando laberintos que se cruzan, que se aíslan para integrarse en medio de un inmenso océano de color, donde el pintor permite que coexistan todas las posibilidades cromáticas, colores que parecieran salir de la oscuridad.
Una lectura atenta de la semántica de esta obra, nos permite observar un lenguaje plástico dentro de la abstracción, una propuesta personal, que contiene informaciones y percepciones místicas del campo estético; crea una lingüística con identidad, donde la imaginación se deja llevar más allá de la formalidad, a un contexto de interpretación de la perspectiva, generando fenómenos visuales como nexo físico-psíquico entre el universo del pintor y el observador.
La abstracción en Orlando Arias, (pionero e inventor de la robótica) es otra forma que tiene de expresar, lo que muchas veces sólo se puede expresar con la imaginación, para ello se sirve del color y utiliza los caprichos de la geometría sugerida, la misma que encuentra refugio en la luz para que se manifieste, con señales de universos metafísicos en la nada que van más allá de lo meramente real.
¿Qué es lo que el pintor nos brinda para la contemplación?. ¿Qué es lo que quiere expresar?. Pertenece a lo más íntimo de su pensamiento, a lo más íntimo de su universo, pero lo podemos intuir en el gesto y en el color, en lo que nos dice la obra; tiene algo lírico, tiene mucho de misterio, un poco de fantasía, rasgos de laberinto, una poesía bañada en color.
Una obra que por su espléndida plasticidad nos roba la mirada y tensa nuestra imaginación.
Un habitáculo, una muralla, una fortaleza o un incluso una catedral que como un resplandor nos encontramos en un paisaje cósmico, crepuscular. Al adentrarnos, nos quedamos desolados ante el vértigo de lo que son sólo ruinas.
Unos antecedentes cifrados en la técnica y composición de un Max Ernst pero una visión que se nutre de su propia dimensión greográfica, de esa naturaleza llana y árida del altiplano con la versatilidad y la luz del trópico.
Pero al mismo tiempo es un destello para dibujar una arquitectura que emerge de la oscuridad, que sirve de faro aislado en ese páramo de negritud, y también de símbolo de lo que hemos construido y dejado morir.
Como toda obra, está inacabada, requiere ir esbozándola con trama agrietada, estructurándola para que se convierta en el muro inmenso de nuestra necrópolis. Sencillamente es un elemento funerario iluminado por un sol calcinante que nos castiga con las huellas de nuestra sangre (rojo) y la pérdida de nuestra fertilidad (verde) y la agonía en la oscuridad.
Gran talento para armonizar y ensamblar, así como recrear espacios donde nunca se agota la mirada.